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jueves, 18 de noviembre de 2021

JESUS ERA UN IMPOSTORLO DICE ESTE BUEN SEÑOR

 

 
 
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Antonio Piñero. (Wikipedia)© Externa Antonio Piñero. (Wikipedia)Hay pocos periodos históricos tan densos, tan cruciales, también tan equívocos, como el del nacimiento y constitución del cristianismo primitivo que comienza con la predicación y muerte de un artesano judío llamado Jesús, continua con la recreación del apostol Pablo y la recopilación los veintiseis libros que configurarán el Nuevo Testamento y culmina con la creación de las primera iglesias. La necesidad de poner orden en semejante proceso desde un punto de vista puramente científico, histórico y filológico, no podía ser más urgente dos mil años después y, por ello, la publicación de una nueva traducción al español comentada de los Evangelios que ha culminado el erudito Antonio Piñero junto a un equipo de colaboradores, marca un punto y aparte, un cambio de paradigma que no debiera pasar desapercibido.

Licenciado en filosofía y filología bíblica trilingüe, Antonio Piñero (Chipiona, 1941) acaba de llevar a buen puerto 'Los libros del Nuevo Testamento. Traducción y comentario' (Trotta, 2021), un volumen de 1.600 páginas fruto de dos años y medio de trabajo y, cómo él dice, "la labor de toda una vida pensando y reflexionando sobre tales cuestiones. No hay nada semejante a esto en España ni en otros países, tan rígidamente histórico. Y con todo el respeto". En sus páginas asombran novedosas conclusiones como la retirada a Lucas de la autoría de los 'Hechos de los Apóstoles' o la tesis de que Pablo de Tarso reinvintó el cristianismo haciéndolo atractivo tanto para los judíos sin necesidad de renunciar a su Ley como para los gentiles que no tenían por qué cumplirla.

'Los libros del Nuevo Testamento', de Antonio Piñero (Trotta)© Proporcionado por El Confidencial 'Los libros del Nuevo Testamento', de Antonio Piñero (Trotta)'Los libros del Nuevo Testamento', de Antonio Piñero (Trotta)

Nos encontramos con Piñero en un restaurante de Madrid a donde ha viajado para firmar los 750 ejemplares que asegura ya ha vendido en preventa de una tirada de dos mil.

PREGUNTA. Defiende en el prólogo que sólo se puede estudiar al Jesús histórico, los Evangelios, el cristianismo primitivo y la cristalización de un dogma permanente desde un planteamiento histórico y literario, científico. ¿Habría que desconfiar por sistema de todo planteamiento confesional en este asunto?

RESPUESTA. Habría que desconfiar de todo planteamiento confesional en tanto en cuanto mantenga un dogma sobrenatural pues eso ya no pertenecería a la historia. Debéis tener, queridos creyentes, la valentía de ateneros a lo que dice la historia si queréis fundamental con solidez vuestro cristianismo. En 2021 siguen saliendo libros sobre los cuatro evangelios que plantean cuestiones sobrenaturales como si fueran históricas, como la resurrección, o confiesan escribir "desde la fe". Es imposible tomarlos en serio.

P. Permíteme hacer de abogado del diablo. Si me pongo en el lugar de ellos, entiendo que pueda molestarles semejante defensa de lo histórico y lo científico. Porque lo que se deduce entonces es que lo sobrenatural es imposible, la resurrección también y, en fin, Dios no existe. Eso resquebraja la fe y entiendo que les pueda molestar.

R. Mucho. Yo he mantenido discusiones al respecto en el pasado en televisión, por ejemplo, pero creo que la opinión pública entendía que el que daba razones era yo. Pero ahora ya no se enfrentan con nosotros, no, ahora lo que hacen es arrojar un espeso manto de silencio sobre nuestras investigaciones. Ya no hay pues, oposición.

P. Pero se le podría responder a usted aduciendo que no hay exégesis neutral, que usted tendrá también sus propios prejuicios.

R. Efectivamente, es posible que los tenga. Pero si el contrario acepta que pertenece a una confesión lo quiera o no te has metido en una jaula ideológica. Yo no estoy preso de ninguna, yo no veo la realidad desde unas rejas. Es cierto que yo puedo tener prejuicios pero no obedezco a ninguna escuela filosófica, sociológica o teológica.

P. En la introducción de Jesús afirma que negar la existencia del Jesús histórico “crea más más problemas de los que resuelve”.

R. Infinitamente más.

Negar la existencia de Jesús crea infinitamente más problemas de los que resuelve

P. Y, sin embargo, al margen de las fuentes cristianas, más allá de las dudosas y escasas menciones de Flavio Josefo y de la de Tácito que creo que usted defiende que es una interpolación cristiana posterior, no tenemos mucho más para afirmar su existencia. ¿Por qué lo hace entonces?

R. Pues porque tampoco tenemos un solo documento para afirmar la existencia del rabino Hilel o de Shamai y, sin embargo, son los fundadores del cristianismo farisaico y nadie los pone en duda. Pero su influencia es clara. En realidad, esa dificultad que usted menciona para aceptar la existencia de Jesús nace de una confusión entre Jesús de Nazaret y Jesucristo. El primero es una persona real, como Hilel, ¡es un zapatero! Un zapatero que le quitaba horas al sueño para dedicarse a predicar. ¿Por qué no puedes aceptar eso existiendo otro montón de figuras similares? Si alguien dice que Jesús no existió lo que en realidad quiere decir es que Jesucristo, esa mezcla de hombre corriente -aunque con carisma- y de divinidad, no existió. Pero es que además, si Jesús no existió, ¿todo el Nuevo Testamento es mentira? ¿Un buen número de judíos siguió a un mesías inventado, a una construcción mental? Es absolutamente imposible.

P. Si debiéramos redactar una biografía mínima de Jesús a tenor de lo que explica usted en el libro, describiría a un artesano galileo que adquirió fama de sanador y exorcista, fervientemente judío, que tal vez se creyó el Mesías y que, sobre todo, fracasó, como demuestra su ejecución en la cruz. ¿Es así?

R. Jesús fracasó sin paliativos, fracasó en todas sus empresas. Fracasó en Galilea donde comenzó a predicar, como prueba su recriminación a las ciudades que no se convertían pese a sus milagros. Lo recoge Mateo 11,20: "¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! (...) En cuanto a ti, Cafarnaum, ¿vas a encumbrarte hasta el cielo? ¡Hasta el infierno vas a bajar! Porque si en Sodoma se hubieran obrado los milagros que se han obrado en ti, habría perdurado hasta hoy. Sí, os lo advierto: en el día del Juicio habrá más tolerancia para la tierra de Sodoma que para ti". Es así, fue un fracaso absoluto. También en Jerusalén donde, de hecho, lo mataron.

Jesús fracasó en todas sus empresas: en Galilea y en Jerusalén, donde lo mataron

P. Y, sin embargo, aquel fracaso acaba por dar lugar a la religión más exitosa, con más fieles, de todas los tiempos.

R. Sí señor.

P. ¿Cómo es posible?

R. Como dice Husserl, hay personas y momentos axiales en la historia. Y el momento en el que Jesús muere y Pablo de Tarso se hace su gran mercader es uno de esos momentos axiales de la humanidad. La versión que Pablo vende de aquel fracasado transformado en un ser glorioso rellena las aspiraciones de inmensas minorías que harían cualquier cosa y darían cualquier dinero por asegurar salvarse de la rueda del destino y que su alma inmortal llegase a los campos elíseos. Pablo vende un producto que encaja perfectamente en el Mediterráneo de ese momento concreto. Jesús no hubiera sido nada sin la mercadotecnia de Pablo y sus seguidores. Fue una mercadotecnia espléndida.

P. ¿Quiénes son los cuatro evangelistas?

R. No lo sabemos. Debieron ser judíos de la diáspora convertidos al judeocristianismo. Tal vez su lengua materna fuera incluso el arameo pero seguramente conocen el griego, lengua en la que por cierto están escritos todos los libros del Nuevo Testamento. Digamos que el detonante para la creación de los Evangelios es el retraso de la Segunda Venida de Cristo. Si tú esperas la Segunda Venida para dentro de diez minutos, no te preocupas de nada. Pero se retrasaba, se retrasaba, se retrasaba, en fin, se ha retrasado hasta ahora. Y entonces hizo falta institucionalizar la cosa. Los Evangelios nacen así para ofrecer a los fieles una carne a esa teología paulina sencilla que giraba sobre la muerte y la resurrección. Y la carne son los dichos, las sentencias y las acciones de Jesús. Porque así consigues un héroe, alguien a quien imitar, una primicia de tu fe y de tu propia y futura resurrección.

Jesús no hubiera sido nada sin la mercadotecnia espléndida de Pablo y sus seguidores

P. Usted en un libro anterior recogía todos los evangelios, también los no canónicos o apócrifos. ¿Se podría decir que, pasada la moda en su día por los apócrifos, su importancia histórica es menor?

R. Sí, yo lo traduje para que la gente los pudiera leer... y descubrir que son, por una parte, una simpleza, una mezcla de historietas legendarias y tonterías. Y, por otra parte, una filosofía gnóstica tan complicada que no llevaba a ningún sitio. Los gnósticos fueron perseguidos, sí, pero no podían tener éxito:

P. Pero si defiende usted, como lo hacía en los cristianismos derrotados, que en el periodo de conformación del cristianismo en los dos o tres siglos posteriores a la muerte de Jesús es una lucha despiadada entre diferentes versiones del dogma. Que ganase la que ganó, ¿fue producto del azar o de algún ingrediente secreto que la hacía mucha más poderosa que sus oponentes?

R. Hubo mucho pero solo tres ramas en realidad. El primero fue el judío, el judeocristiano, que era, en fin, demasiado judío. El segundo, el paulino, universal. Y el tercero un tipo de intérprete paulino que es el gnóstico. La rama gnóstica muere por muerte natural por ser, como religión, demasiado complicada y filosófica y por ser, como filosofía, demasiado religiosa. En el siglo V desaparecen. ¿Qué fue lo atractivo de la rama paulina, la triunfante? Que te aseguraba la salvación con unos retos que salían gratis siendo los mismos que costaban un montón de dinero en el Imperio Romano. Bastaba con creer con tener fe, lo que ya te absolvía momentáneamente, y luego con no pecar, con obrar bien.

Los gnósticos tenían una religión demasiado filosófica y una filosofía demasiado religiosa

P. ¿Sin Pablo el cristianismo no habría pasado de ser una secta minoritaria?

R. No habría triunfado sin Pablo.

P. Es curioso. Hay cuestiones que pensamos que están el credo desde el origen y que señala que se inventan mucho después. Como la virginidad de María.

R. Claro. La virginidad de María se inventa a finales del siglo IV, 380 años después de Jesús. Hubo alguno antes que lo defendió pero no la Iglesia primitiva. Porque a la Iglesia primitiva jamás le interesó la virginidad de María para nada. Por la sencilla razón de que sólo le interesaba el nacimiento prodigioso del héroe Jesús pero le importaba un comino lo que hiciera María después. Es evidente que Jesús, por ejemplo, tiene hermanos.

P. Publicó también un libro sobre Jesús y las mujeres. ¿Cuás el papel de la otra mujer protagonista de esta historia, María Magdalena?

R. Sólo hay un episodio en los Evangelios antes de la crucifixión de Jesús, y esa escena es absolutamente inverosímil, en el que se mencione a María Magdalena. En Lucas 8,2-3. Ahí aparece María Magdalena como una diaconesa junto a otras mujeres. No es una de los doce apóstoles ni la envía Jesús a predicar ni está en la última cena. Las mujeres no pintaban nada... salvo una cosa importante. Imagine usted a aquellos muertos de hambre que andaban predicando por ahí. ¿Quién les lavaba la ropa o les hacía la comida? Necesitaban una intendencia y de ella se ocupaban las mujeres.

P. ¿Cómo ve el cristianismo actual amenazado por nuevas divisiones entre una facción más progresista y otra más conservadora?

R. Bueno, yo soy historiador y estudio el pasado. Lo único que puedo decir es que eso sería el principio del fin del cristianismo. Y si logra vencer esas tensiones aún no lo tiene fácil. La única salvación de la Iglesia consiste en liberarse del corsé dogmático interpretando los dogmas como símbolos. Y ya han empezado a hacerlo. Aunque no tengo claro que esté en eso el Papa actual.

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miércoles, 17 de noviembre de 2021

 CARLOS II EL HECHIZADO Y LOS DEMONIOS

DE LA IMPOTENCIA

 

 

- 1698: La Inquisición abre causa de procesamiento ante la denuncia de un exorcista asturiano que dijo que una brujas hubieran aojado al monarca con el mal de ligadura.

 

por Antonio Parra Galindo

En 1698 - el número y la cifra resulta fatídico en los anales hispanos - la corte española era un triste semillero de intrigas. Una vez más, el problema venía dado por la esterilidad regia. Ninguno de los dos matrimonios (con María de Orleans fallecida en 1680 y con Ana de Neoburgo) de Carlos II había deparado prole. La dinastía languidecía moribunda igual que el propio rey. La verdad es que no hay más que echar un vistazo a los cuadros de Valdés Leal o de Carreño, en los que se retrata de cuerpo entero al último vástago de los Austria para darse cuenta de que los milagros de la naturaleza no caen de un guindo. Tampoco se puede pedir peras al olmo.

Clorótico, prognato, algo zambo, Su Majestad padecía de podagras, una afección senil, ya a los treinta años  desproporcionado de brazos, algo ancho de caderas, y un semblante lánguido, inexpresivo, los labios carnosos y sensuales, casi el único signo de vida en aquel físico que en los retratos aparece más allá que acá, y como sintiendo ya la llamada de la tierra.

 Era un fin de raza. Puede que ni siquiera, eso.

Sobre la persona, vida y milagros, un tanto triste y llena de claudicaciones y naufragios, del pobre rey no han parado de llover burlas sanguinarias. Pero ¿ qué culpa tendría él de haber sido parido de esta guisa?

Hubo de pasar la mayor parte de su existencia entre algodones. Se vio sujeto a la arbitrariedad de una madre ambiciosa, perversa y degenerada, porque no otro calificativo cabe dar a aquella españolaza culona y resabiada, mujer caprichosa, lerda y mal intencionada, algo Mesalina, como era la reina madre, Mariana de Austria.

Aquella hembra desnaturalizada siempre pareció aborrecer al propio hijo que había nacido de sus entrañas. También se dan frecuencia madres malas.

¿Quién podrá achacarle el haber sido el resultado de la degeneración de una familia por mor de la endogamia y de otras enfermedades hereditarias como la sífilis, la gota, o la pelagra?

Aún no habían sido inventados ni el “ salversán” ni el “ viagra”, que son dos específicos para mitigar las venéreas, por exceso o por defecto. Por los mentideros de la VILLA y CORTE corría la voz de que lo de Don Carlos era imputable a un maleficio en salva sea la parte. Nada, que unas brujas le habían echado las habas.

Por colmo de males, padecía alferecía (epilepsia), una afección que hasta el s. XX se creía relacionada con la posesión diabólica.

Este padecimiento le volvía un ser abúlico, retraído e irresoluto. De su tatarabuelo Felipe II había heredado no sólo el parecido físico sino también una innata propensión hacia la melancolía.

En tenidas y aquelarres uno de los sortilegios o conjuros más frecuentes era el denominado de la ligadura. Si se quería hacer daño a un individuo se pedía la intercesión de Satanás para que lo dejase impotente. Íncubos y súcubos - una de las características de la posesión y de la obsesión maligna es la lujuria - se encargaban de lo demás. Las mujeres se volvían machorras o viragos.

El miembro viril no entraría en erección nunca jamás. La orgía, la zoofilia, la pedofilia o el pecar nefando (inversión genésica), así como el crimen ritual son parte constitutiva de la misa negra o aquelarre. Recuérdese que aquelarre es una palabra vasca (el prado del macho cabrío) y que durante la Edad Media y hasta bien entrado el s. XVIII su practica era harto frecuente. Caben todas esas contradicciones. La lascivia (bien lo sabe Belcebú) siembra la discordia entre las gentes. Remata en el crimen y en el adulterio.

La merma o discapacitación para la actividad reproductiva se consideraba entonces de origen diabólico.

Se da la paradoja de que el catolicismo, sobre todo en España, no acabó nunca de desprenderse de esa lacra que es la superstición. Convive al lado del misticismo y del iluminismo. Al fin y al cabo, el iluminado, según observa Marañón, no es más que un místico de baja estofa.

Las malas lenguas propalaban por Madrid que el rey había sido víctima de un hechizo incoado por el amante de su madre, el valido Fernando Valenzuela, quien gozaba de la privanza a través del P. Nithard y de los jesuitas, los cuales hacían y deshacían en palacio a su antojo.

Cuando aumentan los chistes y burlas sobre un eventual aojamiento de Carlos II, toma cartas la Inquisición en el asunto. Corría el año fatídico de 1698. A tan sólo un siglo vista de la muerte del segundo gran Austria, España se desmembraba.

El propio interesado de suyo era algo inclinado a los agüeros. Llevaba pendiente al cuello una bolsita, que decía eran las reliquias de varios santos tutelares, pero, cuando estaba de cuerpo presente, se comprobó que el rey portaba en la misteriosa faltriquera material de santería: Pezuñas de gorrino, cáscaras de huevo, trenzas de pelo, ajos, polvo de tabaco.

Los inquisidores se emplearon a fondo pero con discreción, dada la alcurnia del personaje encartado, que era todavía dueño de medio mundo. El sol del imperio estaba llegando a su punto de declinación entre fulgores rojizos, pero lucía aún, quedaban todavía un par de siglos para su ocultamiento definitivo. Francia, Inglaterra y las otras potencias, venteando cadaverina, aleteaban alrededor del lecho del moribundo como cuervos, todas intentando lograr el más suculento bocado en el reparto del imperio español.

Se dijo que sobre los Austrias pesaba una especie de maldición. Carlos V fue un estratega y un gran rey. Su hijo, Felipe II sólo un buen rey y un mal político. Los sucesores, el tercero y el cuarto de los Felipes , ni reyes ni políticos: cazadores meapilas y grandes folladores. El último de la saga, Carlos II, ni siquiera fue hombre.

Al fallecer éste la noche de Ánimas de 1700, heredan la corona de España los Borbones. Se ponía de esta forma colofón a dos siglos que, a juicio de Taine, fueron los más sorprendentes y dinámicos de la historia humana. Al sol español, ya de vencida, aún le quedaban otros dos hasta su eclipse definitivo, que llega con el desastre de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898.

Fray Froilán Díaz, confesor de Su Majestad, recomienda que para atajar el problema de la sucesión se efectúen los exorcismos de rúbrica según el ritual romano, mientras el Santo Oficio prosigue con sus pesquisas y averiguaciones sub iudice y con sigilo, pero todo acabó por saberse; y era un secreto a voces en aquel pueblón manchego que era el Madrid de aquel entonces que al rey las brujas le habían roído los calcaños... Tal vez, algo peor.

En las deposiciones forenses y pruebas testificales empiezan a salir saludadoras y videntes, que dicen ver a la Virgen y percibir mensajes celestiales, sibilas y gente de ese jaez. La mayor parte eran monjas histéricas aquejadas de ese mal de los claustros,  histéricas perdidas, que se da en nuestro país en las cárceles, internados y seminarios, donde la sublimación de la sexualidad produce excelsitudes místicas o derrota hacia aberraciones mucho más serias como la sodomía o el lesbianismo.

Es un poco el signo de la monarquía austriaca. Constantemente están apareciendo personajes que arguyen detentar poderes sobrenaturales. Estos reyes se fiaron en temas de salud o cuando tenían delante de la mesa un grave asunto de Estado llamaban a estas pitonisas e impostores iluminados sin fiarse de sus consejeros naturales. Quede dicho sin perjuicio de parte y dando por sentado que, al lado de estos rufianes y gamberros de beatería, se daba el verdadero santo, el auténtico hombre de Dios, capaz de hacer milagros porque la fe mueve montañas.

Ello no embargante, los Austrias fueron víctimas de su propia credulidad, y a algunos miembros de esta dinastía, como a Felipe IV, les picó el morbo de los conventos. Fue galán de monjas. Pese a su lascivia fueron los Austrias mejores reyes que los borbones. Ellos hicieron grande a España mientras la dinastía francesa la destruyó.

Al de San Plácido, que está situado entre la calle del Pez y la de San Roque acudía el conde duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán y su mujer, doña Beatriz de la Cerda, preocupados por no haber descendencia en ciertas solemnidades y fiestas de guardar. Mientras las monjas cantaban vísperas, el matrimonio hacia el amor en un reclinatorio de la iglesia sin sonrojo ninguno y sin importar que hubiese testigos de vista de su cópula carnal a los pies del altar mayor. Pese a tan aparatosa coyunda, Dios, que parece mantenerse distante de estos líos y atropellos de la obstetricia, entre hombres y mujeres, y que acaso no comprenda del todo bien, por ser espíritu puro y por carecer de cuerpo - de buena se libra - no hizo demasiado caso de aquellas letanías. La mujer del Conde Duque, que era en la España del primer tercio del s. XVII la voluntad de poder y la pasión de mandar (v. el estudio que de su personalidad de caudillo y dictador hace Marañón en la obra del mismo nombre) no concibió o malparía, pese a lo aparatoso de los remedios.

Pronto el monasterio de monjas benedictinas de san Plácido se hizo tristemente famoso. Al parecer, el rey Felipe IV quiso dar al sagrado centro fuero de picadero sexual y mancebía. Teníale echado el ojo a una monja muy guapa.

Sus intentos de rapto quedaron desbaratados gracias a la astucia de la priora que, poco antes de la cita, simuló que la religiosa, depositaria de los regios afectos, estaba recién fallecida de cuerpo presente en su celda y ya se le cantaban los oficios de difuntos. Cuando llegó el ilustre Romeo al arrimo, al ver aquello huyó cual alma en pena.

Más suerte tuvo - y éste sí que fue un escandalo de los gordos - otro capellán del monasterio de marras en sus componendas para el trato torpe y gozar de la fruta del árbol prohibido. Los hechos sucedieron hacia el año mil seiscientos veintiocho.

Fray Francisco García Calderón acababa de ser nombrado confesor y excusador de oficio en el centro. Monje poco ejemplar, o tal vez porque se las diera de “ moderno” y de alumbrado, en aplicación de la máxima agustiniana sobre la caridad hasta las últimas consecuencias, acabó predicando el amor libre entre sus pupilas.

Otro clérigo envidioso, un tal J. De León, que había opositado a la prebenda, luego que tuvo noticias de los escándalos, denunció a su compañero ante el Tribunal de la Inquisición.

 De treinta monjas habían quedado encinta veintisiete. Los jueces actuaron de lenidad con aquellas pobres mujeres ignorantes, que fueron dispersadas por diferentes monasterios de la zona. La abadesa estuvo encerrada cinco años en la cárcel de la Inquisición de Toledo. Con respecto al P. García Calderón, declarado reo de sacrilegio, se le condenó a la hoguera, pero la pena de muerte le fue conmutada por la de galeras.

De casos como el que se cita (historias de brujería y de alumbrados en las que se compagina el sexo, la religión o la magia negra) estuvo plagada la historia española de aquellos siglos. Al capellán de las monjas de San Plácido nunca le hicieron falta reconstituyentes ni pócimas.  Todavía no se había inventado la viagra para sacar para alante a todo un convento de claras.

Más bien todo lo contrario. Pero estas cosas a veces ocurren. Lo que a uno se les da en abundancia a otros se les restringe.

Leer ahora al cabo de los siglos los autos de aquel proceso puede resultar chusco, porque la prosa curial no deja de través lo que tenía el asunto de broma:

“ Jamás en el mundo se habrá visto maravilla semejante, como la de que, de treinta monjas, en veintisiete se hayan manifestado los demonios, no como obsesas, sino de tan maravilloso modo”, - redacta el calificador de oficio.

En 1698 la Inquisición había perdido su fuerza, pero el tema tan traído y llevado del enajenamiento regio en parte tan insólita trajo cola durante bastante tiempo.

En la prueba testifical compareció un jesuita de Oviedo, el P. Argüelles, quien contó a los jueces cómo había sabido a través de unas monjas a las que este religioso exorcizó en Tineo, las cuales los diablos que ellas tenían en su cuerpo salieron de estampida y fueron a parar al del rey.

El desaguisado aconteció siendo éste de edad de catorce años. Su madre, doña Mariana a medias con su amigo en la mañana del tres de abril de 1675 hicieron el maleficio, derramando unos polvos aderezados con huesos de ajusticiado y parte de sus criadillas en la taza de chocolate que se sirvió al monarca para el desayuno. Y en ese preciso instante fue cuando los trasgos fatídicos llegaron por los aires desde Asturias hasta el Alcázar y se apoderaron de la voluntad irresoluta del personaje y dejándolo inútil para toda mujer. Aquellas agustinas de Cangas de Tineo habían debido de ser muy malas puesto que los diablos que mandaron para Madrid llegaron pisando firme.

La peripecia suene algo fantástica, pero es lo que se lee en este otro proceso inquisitorial, uno de los últimos celebrados en Castilla.

Daría ocasión a cantares y sería motivo de rechiflas. Aunque se le administraron los antídotos contra la ligadura (rábanos cocidos en cuerno de rinoceronte macerado y friegas de valeriana en la zona afectada), Don Carlos, que tenía un pie ya en la sepultura, no pudo recuperar lo que la naturaleza nunca le otorgó.

Estos remedios caseros o bebedizos estaban a la orden del día. A Fernando el Católico, casado en segundas nupcias con Germana de Foix, y aquejado de melancolías, para espabilar su desgana erótica, prostatitis seguramente, le fue administrado aquel “ potaje frío “ de Carrioncillo.

Aquellas hierbas minaron su salud y prácticamente acabaron con él en pocos días. La triaca contra la impotencia Felipe II, que entendía bastante de farmacopea, nunca la quiso probar a sabiendas de que en la mayor parte de las cortes de Europa era el pretexto para envenenar. Era una tradición que habían implantado los Medici. En el palacio de San Juan de Letrán los papas Borgia la utilizaron con harta frecuencia.

No hay sospechas de envenenamiento en la muerte del último de la dinastía austriaca, el cual entregó su alma a Dios en la noche de Animas de 1700.

La Inquisición, muerto el interesado, archivó la causa y todos trataron de enterrar con Carlos II el Hechizado las habladurías sobre una conjura diabólica.

Sin embargo, como indica el propio sobrehúsa con el cual este triste monarca ha pasado a la historia, Hechizado”, adquirieron carácter legendario. Fue famosa por lo temible su afrentosa ligadura.

Una vidente que vivía en la calle de la Silva lo predijo: el trono de España se echaría a perder por la malquerencia de la propia reina madre, que había aborrecido a su hijo al poco de nacer, y que había concertado tercerías con brujas y nigromantes para hacerle daño. Simplemente, lamentable, pero más que lamentable, abominable.

 

 

Antonio parra Galindo 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 16 de noviembre de 2021

 QUATENUS Y LA TORRE DE GUIRLACHE

 

Me dice el Seto que por el pueblo no han florecido este año los almendros. Pues vale, muy bien puede ser que tengan miedo a las heladas de marzo. Todo  bajo control en Villayel. Antes estaba abajo en la alcaná o barrio de mercaderes. Barrio alto y barrio bajo. Siempre a cantazos. Odios y envidias a punta pala y más en tiempos de elecciones. Una recomendación para estos tiempos de cólera: sile  et psale. Canta y guarda silencio y en el carro de fuego de la imaginación bajo los melismas y neumas del canto gregoriano vuelo hacia la torre de San Gregorio altar de la muerte. Este puede ser el cementerio donde cometió aquella barbaridad en el entierrillo de su hermano el Pascual Duarte pero de eso queda memoria salvo alguna cruz del temple

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MI ENTREVISTA CON RASPUTIN SE ME APARECIÓ UNA NOCHE SU ESPECTRO CUANDO CANTABA EL AKATHISTOS

 El regreso de Rasputin

 

La noche del 11 de febrero de madrugada estaba yo leyendo un pasaje del Evangelio mientras escuchaba el canto del salterio que emiten por Internet los monjes de un lejano monasterio en Vologdá a través de la Red.

Suelo aprovechar la vigilia para escribir y leer cuando todo está en calma. El nocturno es un invitatorio a la reflexión.

De pronto percibo un ruido extraño como de campanas tocando a clamor. Mi celda se ilumina de una luz fogosa. Alzo los ojos del teclado de mi ordenador y veo detrás de mí asomándose por el montante que da al jardín de atrás a un hombre de rostro alargado unos ojos poderosísimos. Daba miedo mirarlos pues más que ojos parecían hierros candentes. Era como de mediana estatura los brazos muy largos y una mano carnosa como de campesino cabellera en desoden barbas apostólicas  partidas por una raya en medio. Vestía la clásica sotana de los popes rusos ( r i a s a) de mangas anchas. En su pecho lucía la  (p a n a g i a) o pectoral labrado en oro con una cruz inversa.

Sentí pavor porque el icono de  san Nicolás de Radonezh que protege mi aposento de pronto se apagó. La mirada intensa como si tratara de escudriñar el alma del que mira me hizo temblar. Era Gregorio Efimovich que regresaba del infierno entre carcajadas y estruendo de cadenas que venía a darme un mensaje. Se inició entonces un dialogo entre los dos.

YO: ¿Qué quieres de mí Padre Gregorio?

RASPUTIN: Que no escribas mal de mí. A todos aquellos que hablan mal de mí les ocurre una desgracia.

 

YO: Precisamente, estaba leyendo las memorias del príncipe, el que acabó con la vida del pope, Yusupov el miembro de la familia imperial que te envenenó mediando cianuro en tu copa. El veneno no te hizo efecto y hubo de llamar al gran duque y a un agente del servicio secreto inglés. Ellos te acribillaron a balazos sin poder acabar contigo. Arrojaron tu cadáver al Neva.

El atestado de la policía dice que la muerte te vino por ahogamiento y no por las heridas de los disparos. Todo muy extraño, casi increíble

RASPUTIN: Soy un siberiano fuerte. Mi padre era cuatrero. Domé caballos antes de entrar en el convento.

Se santiguó con la mano izquierda y me lanzó una mirada horrorosa. Yo vi al demonio en aquellos ojos. Eran los ojos que hipnotizaban a las coquetas de Petrogrado y a las mujeres de la alta sociedad.

 Mi sotabanco, humilde aposento, empezó a oler a azufre. Es el signo de la llegada del Malo.

 Sonaban sarcásticas risotadas de los demonios por el pasillo que da al almacén de la librería. Acto seguido Grigory se santiguó al revés. Hizo un garabato y continuó su plática

RASPUTIN: Yusupov el oficial de la guardia era marica y cornudo. Yo fui a su palacio porque quería presentarme a su mujer que era sobrina de la emperatriz. Caí en la trampa. Me tendieron una emboscada. El servicio secreto inglés espiaba mis reacciones al vino y al cianuro en el cuarto de atrás. Si el oficial de la guardia estaba enamorado de mí. Había oído hablar de mi descomunal verga de casi treinta centímetros. Quiso probarla como la probaron las encopetadas  damas de la corte imperial. Sucumbían a mis pidieres mágicos. Es la fuerza de la naturaleza. Eros y Baco dominan la tierra.

YO: Eres un fauno. Por lo que veo en Internet quieren canonizarte algunas mujeres y ponen la aureola de confesor en tu cabeza. Esto me parece un sacrilegio.

RASPUTIN: No desbarres, diacono. Aun quedan muchas discípulas mías. Son reliquias de mi secta de los "x i l i a c h i " (saltarines) bailábamos en torno a una hoguera y luego copulábamos con las monjas. Estas danzas supusieron para mí estas heridas que llevo en la cabeza porque la compañera Gusseva la que   mi compañera en Prokoskovie la aldea siberiana donde nací quiso asesinarme por haberla abandonado y liarme con una monja llamada Heliodora (me mostró la cicatriz aun luminosa a través de la luz del alba que iluminaba la celda)

YO: tú eras un yurodivi, un peregrino ruso, un aventurero del mal cínico e hipócrita que te hacías pasar por santo y era un sátiro.

RASPUTIN: tengo poderes mágicos. Puedo demostrarlo. mira mis manos (me mostró sus enormes manazas de muyik) estas manos curaron al zarevich y acariciaron los senos alemanes de la emperatriz Alexandra Fiodorovna o Alice von Hessen

YO: Vade retro. Calumniador y blasfemo.

Al decir esto apreté el rosario que siempre llevo conmigo junto a mi pecho. Una estruendosa carcajada se esparció por el jardín central despertando  vecinos que se disponían para comenzar su jornada laboral. Escuché el ruido de las persianas que se alzaban. Esta blasfemia era la mayor barbaridad que había escuchado en mucho tiempo. El zar Nicolás II era el mejor padre de familia el hombre más casto y mejor de la dinastía Romanov y aquel espectro diabólico se reía de los  ríos de sangre de su profanación angustiosa que costaría ─ya lo profetizó Fedor Dostoyevski─ con los estertores de la revolución y las dos guerras mundiales que supondrían a la patria millones de cadáveres.

RASPUTIN: El zar era casto, bueno, un gran tipo pero un ser sin voluntad. Estaba dominado por su mujer, diácono.

YO: ¿Por qué me llamas diácono?

RAPUTIN: sé que lo eres.

YO: Soy un diácono de la literatura. quizás esté luchando contra molinos de viento pero en proseguir mi demanda soy feliz.

RASPUTÍN: Andarse con cuidado. Mis adoratrices te tienen fichado.

YO: ¿Es una amenaza? No me importa ser mártir. De algo hay que morir. Dime cómo llegaste a la corte tú que eras un fraile giróvago que recorrías las aldeas engañando a los campesinos y acostándote con sus mujeres.

RASPUTIN Con la carta de recomendación de un obispo al que curé de un cáncer. Fui el mandamás en Tsarkoe Selo. Yo nombraba y destituía ministros.

YO: ¿Quién estaba detrás?

RASPUTIN: el káiser y su tropa de judíos alemanes. Dineros judaicos suizos financiaron la revolución. Y por supuesto las mujeres que traen hijos al mundo pero con su debilidad paren catástrofes. Ellas son el arma con que Rusia de nuevo será derribada, mira todas las putas que se asoman a las paginas de Internet y enseñan sus muslos, sus tetas y sus coños. La mayor parte son jóvenes rusas. viejas las hay también. Le sirven de arma arrojadiza al sionismo. trajeron el odio y la disgregación.

Por primera vez el monje giróvago creo que estaba diciendo la verdad. Yo alcé el crucifijo adjunto a la pantalla de mi ordenador lo alcé miré a los ojos terribles de Grigory hizo una mueca tan espantosa que soy incapaz de describirla y desapareció entre ruido de cadenas.

Seguía oliendo a azufre en mi habitación. Conque dije "no izwavi nas ot lykavago = sed libéranos a malo". Señor, libradnos del mal y no nos dejes caer en tentación. El diablo es poderoso como nunca. Siembra alianzas y compinches por doquier pero nunca podrá contra la fuerza del Señor Jesucristo nuestro Dios.